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10-11-12 MARZO 2021

Centro de Convenciones Cartagena de Indias
Cartagena de Indias, Colombia


Si en el astillero suena la campana, un nuevo barco está por construirse

Los repiques de la campana se propagan como un aliento de felicidad por las dependencias de diseño, mantenimiento y construcción. Al advertirlos, los 1.200 trabajadores de la planta sienten una gran dicha.

Aura Quiroz, jefe de ventas de reparaciones de Cotecmar, aclara que en la compañía, siempre que suena una campana, es el anuncio de algo especial: “Nosotros implementamos la campana como señal de bienestar. Es la certeza de que seguiremos haciendo lo que nos gusta, porque hemos concretado un nuevo trabajo”, concluye Aura.

El mismo que se siente en todas las áreas del astillero. El capitán de navío Luis Aranibar, a cargo de la gerencia de diseño e ingeniería, precisa, que más que un astillero, Cotecmar es un centro de desarrollo tecnológico reconocido por Colciencias. Una empresa de servicio que desde el año 2000 ha entregado soluciones concretas para la industria marítima y fluvial.

Por su nivel de especialidad y la confluencia de ingenieros colombianos y de otras nacionalidades, la gerencia de diseño e ingeniería es una babel de talentos. El capitán Aranibar tiene a su cargo 47 especialistas como arquitectos navales, diseñadores industriales, ingenieros eléctricos, electrónicos, metalúrgicos, navales y mecánicos, que le permite asegurar que su gerencia es de las mejores calificadas de América Latina.

Con su equipo ha diseñado casi toda la flota de la Armada Nacional, incluyendo patrulleras fluviales y marítimas, buques de desembarco anfibio y lanchas rápidas. También muelles flotantes para los ríos de Colombia, remolcadores, pesqueros, barcazas tanqueras y cargueros. “Aquí diseñamos de todo –dice con orgullo el capitán– tanto para empresas comerciales como para la flota de la Armada Nacional. Antes las fragatas eran reparadas en Curazao o Panamá, y los submarinos había que llevarlos hasta Alemania”.

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El capitán de corbeta Mauricio Madrid, encargado de la Gerencia de Proyectos de Construcción, explica que desde hace 19 años, cuando se construyeron las primeras embarcaciones fluviales, se trabajaba de forma tradicional, pero con los avances desarrollados por el personal de Cotecmar, las embarcaciones se realizan con software de diseño naval, con modelado en 3D, que permite construirlas virtualmente antes de generar información para su producción.

Con las innovaciones introducidas, las naves se construyen por bloques, que luego se ensamblan en un proceso que exige alta precisión y un equipo lleno de espíritu de unidad, sin importar los rangos o niveles de preparación. En el hangar I comienza el proceso de corte de láminas de acero naval. El ruido es intenso, suenan alarmas de prevención que emiten las grúas de carga, brotan chispas de soldadura en las más de 15 estaciones de trabajo. Son jornadas intensas, el empeño jamás decae.

Acá se contruye la segunda de tres barcazas para transporte de hidrocarburos. Cada una tiene 60 metros de eslora (largo), un jumbo tiene 70 metros, 16 metros de manga (el ancho de una cancha de baloncesto) y 378 toneladas de desplazamiento.

 

En el hangar vecino, con 18 metros de altura y más de 30 metros de largo, se ensamblan las piezas elaboradas en el taller de corte. Van marcadas por lotes, con una codificación en tinta blanca, sobre la rojiza lámina de acero. Es como armar un rompecabezas con miles de piezas de acero en una variedad de tamaños.

A unos 100 metros del hangar de corte, y transportado por rieles, parecidos a los de un tren, está la primera barcaza terminada. Esos mismos rieles la pondrán en el mar para llevarla a su destino final: el Canal del Dique. Construir las barcazas ha sido un proceso que ha requerido de la entrega del personal de Cotecmar.

“Eso es lo que a mí me sorprende –interrumpe el capitán Mauricio Madrid–, la gente se compromete, y cada día está en la búsqueda de cómo mejorar los procesos; desarrollan sus propias ideas, sus herramientas, sus innovaciones”. La innovación se premia con incentivos económicos y reconocimientos públicos, por eso, sin importar el tamaño de la nave, la pasión es un rasgo de todo el personal.

Así lo reconoce Acisclo Trelles, quien trabaja en el taller de embarcaciones menores. Muestra hoy con orgullo la primera lancha ambulancia fluvial, construida en Cotecmar. Trelles nació en Tagachí, Chocó, a orillas del río Atrato. Cuando tenía 8 años, una lancha de casco brillante atracó en las riberas de su pueblo y él quedó impactado. Los únicos botes que conocía eran los de madera. Preguntó de qué estaba hecha esa embarcación reluciente y alguien le dijo que de vidrio. Como la respuesta le pareció absurda, comenzó a indagar con qué materiales se hacían estas naves y halló la respuesta: fibra de vidrio. A los 13 años, terminó su primaria y se fue a Medellín en busca de las oportunidades que no tenía en Tagachí. Allí aprendió a construir embarcaciones y cabinas para automóviles en fibra de vidrio.

Acisclo Trelles llegó a Cartagena en 2002. Fue fundador de la división de materiales compuestos y hoy la supervisa. En Cotecmar lideró la construcción de la primera lancha ambulancia. Tiene 12,5 metros de eslora (largo) y 2,80 metros de manga (ancho), cuenta con una capacidad para 12 personas, y está dotada con dos camillas y 500 caballos de fuerza.

En Cotecmar cada trabajador tiene historias para contar. Harlin Torres es ingeniero industrial y encargado de proyectos de reparación, asegura que cuando comenzó a laborar no sabía la diferencia entre proa y popa, a pesar de haber nacido en un puerto como Cartagena. Dice que aquí aprendió a amar el mar y las embarcaciones, porque identifica los servicios que prestan y las ayudas que pueden ofrecer a una comunidad.

Adriana Hernández, supervisora de pintura, rechazó el nombramiento como profesora de matemáticas en el bachillerato de su natal San Onofre para poner al servicio de Cotecmar sus conocimientos como ingeniera química. Actualmente dirige con orgullo las reparaciones de pintura del buque Escuela Gloria.

Mientras todo eso pasa, la campana silenciosa en la pared del edificio Ricardo Pulido Osuna espera que alguien tome el nudo badajo que la hace repicar. Un sonido que anuncia la buena nueva de más trabajos, que regala un descanso momentáneo y que invita a todos los equipos de Cotecmar a celebrar sus sueños, sus victorias.